ESTAR DE PASO

En el Lejano Oriente, un peregrino llegó a una aldea a la caída de la tarde. Preguntó a los aldeanos dónde podía alojarse y pasar la noche. Le indicaron el camino a la casa de un sabio que vivía a las afueras del pueblo y que acogía a todos los viajeros que pasaban por allí. El peregrino llegó a la casa, llamó a la puerta y le abrió un anciano risueño y enjuto, encorvado por la edad, que le hizo pasar inmediatamente. La desnudez de las paredes, la ausencia de muebles, llamaron la atención del viajero; sólo dos cuencos, unas brasas en el hogar sobre las que descansaba una tetera con té caliente y dos esterillas recogidas y apoyadas en un rincón de la única habitación indicaban que la casa estaba habitada. El anciano le ofreció un cuenco de té a su invitado y el peregrino entre sorbo y sorbo, sorprendido por la falta de enseres, le preguntó:
- Maestro, ¿dónde tienes el resto de tus pertenencias: tus muebles, tus ropas?

El maestro miró el pequeño hatillo que el peregrino había dejado a su lado mientras tomaba el té, y dijo:
- Veo que tú llevas las tuyas en un pequeño hatillo...
- Sí - replicó con rapidez el peregrino-, pero es que yo estoy aquí de paso.

El anciano sonrió y con serenidad respondió al viajero:
- También yo estoy de paso.

Cuento sufí
05/03/2007 07:00

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